La imagen con la que abro este posteo es histórica dentro del mundo de los comics. Batman cargando el cuerpo de Robin luego de la explosión es el retrato de la segunda mayor tragedia en la vida de Bruce Wayne, luego de la muerte de sus padres.
Una muerte en la Familia causó un gran revuelo en los seguidores del Caballero Oscuro, porque DC tuvo la idea de darle participación al lector y dejar la suerte de Jason Todd en manos de los fanáticos. Para ello se abrieron dos líneas telefónicas, una era para que llamaran los que querían que joven viviera, y el otro era para los que querían que muriera.
Como se imaginarán, la elección fue pareja, pero ganó finalmente la opción de la muerte de Robin por 5343 a 5271 votos.
Desde la cúpula de DC Comics suponían que lo más factible de ocurrir era que el joven maravilla muriese, pero de todos modos se realizó una variante de las acciones para el caso en el que los lectores decidieran que viviese. Los hechos se desarrollarían de manera similar, pero al momento en que Batman cargase en brazos a Robin exclamaría: “¡Está vivo! ¡Gracias a Dios!”.
Como dije al abrir el post, dicha escena se transformó en un ícono de la historia de Batman, y fue copiada y parodiada
en numerosas ocasiones, como por ejemplo la realizada para el comic de Bluntman & Chronic, los personajes de Kevin Smith basados en Jay y Bob el Silencioso.
Volviendo a Una Muerte en la Familia, si no tuvieron la oportunidad de leer la historia, les recomiendo hacerlo porque no tiene desperdicio. El trabajo de Jim Starlin, Jim Aparo, Mike DeCarlo, Adrienne Roy y John Costanza fue impresionante y se ganó un lugar de honor en la historia de los comics de superhéros.
Si ya tuvieron la suerte de leerlo, les recomiendo que lo vuelvan a ver, especialmente ahora que falta poco para el lanzamiento de Batman: Under the Red Hood, que seguirá el arco argumental de esta historieta.
Seguí el enlace para leer la primera parte de esta reseña.




